Para esta reflexión nos ayudamos de
un artículo publicado en el diario El Mundo, un estudio de las Academias de las Ciencias de
Francia. En él se dice que el uso de los ordenadores y de los
videojuegos tiene un efecto positivo en los niños, siempre y cuando estén supervisados
por un adulto y que a día de hoy se deberían ver las pantallas y los libros
como algo complementario.
El efecto de las
pantallas en los niños no es que no sea perjudicial, sino que además beneficia
su desarrollo. Entre los 2 y 6 años, las pantallas pueden ayudar a entender la
diferencia entre lo real y lo virtual. Además, los videojuegos
mejoran la capacidad de atención visual y fomentan
la identificación del objetivo, la flexibilidad, la atención y la toma de
decisiones rápida.
Sin embargo, el
uso de las pantallas es duramente criticaba por varios autores diciendo que
provocan violencia o incluso sedentarismo, aunque en mi opinión, el uso de
estas pantallas puede ser un gran recurso para mejorar la educación, siempre y
cuando estén controlados. Pueden ayudar al desarrollo cognitivo del niño, apoyándose
en los juegos representativos y simbólicos, e incluso pueden mejorar la
capacidad de imaginación del niño.
En conclusión y
en mi opinión, no se debe temer que los niños usen las pantallas y los
videojuegos, siempre y cuando estos estén supervisados por un adulto para
evitar cualquier tipo de adicción. Estos pueden ayudar a mejorar diversas
capacidades además de entretenerlos y ofrecerles una forma diferente y más
entretenida para el estudio.

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